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Camis y escuelas

Itzi De la Rosa
19 agosto 2021

A los sectores tradicionalmente postergados, a aquellos que solamente eran visitados en tiempo de campaña electoral, volviéndolos “necesarios” para el día de las votaciones y después, como siempre, olvidados, les llegó, también, en esta alcaldía -entre otras tantas obras- una de singular características, como fue la construcción y funcionamiento de lo que se denominó Centros de Atención Municipal Integral (CAMI) y que fueron asentados en lugares estratégicos, tales como: 29 y Oriente, Fertisa, Cisne II, Pascuales, Isla Trinitaria, Guasmo y Chongón, y en las parroquias rurales Tenguel y Posorja.

CAMI de Fertisa

La edificación de cada uno de estos lugares respondió a estudios que indicaban cuáles eran los habitantes suburbanos que demandaban de determinados servicios para volverlos útiles en su propio beneficio y, por consiguiente, para la comunidad y la ciudad en general. Con la participación de profesionales, en estos sitios se dedicó, fundamentalmente, a tres objetivos: fortalecimiento de habilidades motrices e intelectuales de los niños, fortalecimiento de habilidades productivas de mujeres y jóvenes y desarrollo de habilidades recreativas y artísticas de niños y jóvenes.

Los CAMIS -como se los conoce- fueron acondicionados con canchas para la realización de Escuelas Deportivas en convenio con la Federación Deportiva del Guayas, en tiempo de vacaciones; con salas de capacitación artesanal, talleres de manualidades, guarderías infantiles, dispensarios médicos, áreas artísticas y áreas verdes. A lo largo de 8 años 70.506 infantes recibieron ayuda pedagógica; 2’037.200 mujeres y jóvenes aprendieron oficios artesanales; y, 2’551.400 niños y jóvenes participaron en múltiples actividades vacacionales.

A la construcción de los CAMIS hay que añadir la especial preocupación por los estudiantes de las escuelas municipales de Ciegos “4 de Enero” y la de Audición y Lenguaje, que -por las mismas razones por las que ciudad en general se hallaba hecha un desastre- acusaban gran deterioro, tanto en lo físico de los establecimientos cuanto en lo académico y de equipamiento.

“Quería que Guayaquil tenga escuelas especializadas para ayudar a los estudiantes que, lamentablemente, no tienen dinero. Quería excelentes escuelas para ayudar a las personas con problemas de visión, con problemas de audición, y felizmente lo he podido cumplir. Este es un ejemplo de lo que el municipio puede hacer a favor de las personas que tienen una condición especial; ésta es la forma de ayudar a superar el duro golpe que significa tener problemas de visión y de audición”. Así, León expresaba su satisfacción porque Guayaquil había recuperado estas dos escuelas.

Como queda dicho no fue solamente la reconstrucción de los edificios, ni tampoco apenas la adquisición de busetas que efectúen el traslado de los estudiantes desde sus domicilios hasta los centros escolares, sino la implementación de éstos con sendos auditorios, laboratorios de audiometría, salas de lectura y escritura braille, aulas especiales para personas con múltiples discapacidades, áreas de terapia de lenguaje, talleres de música y pintura, departamentos médico, sicológico y de trabajo social, áreas recreativas, en fin, todo aquellos que contribuyera, en la realidad, a mejorar la situación de los educandos.