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DIÁLOGO CON LEÓN FEBRES-CORDERO

por David Wong Chauvet (año 2005), para su libro Madera de Guerrero.

¿Se da cuenta de que a usted lo conoce el cien por ciento de los ecuatorianos, en la Presidencia, en la Municipalidad, en el Congreso, pero muy poco en su vida personal?

Sí, la vida interna de un político es muy poco conocida… me refiero a los políticos responsables; la conoce su familia, su esposa, sus hijos, su círculo intimo, pero el público, en general, no sabe lo que es el calvario de ser un político honesto.

Pero no para todos los políticos su actividad es precisamente un calvario, vea usted los expulsados del Congreso recientemente…

Bueno, yo te hablo de los políticos serios, por sobre todo de un político honesto que de alguna forma u otra haya podido alcanzar un tipo de liderazgo y que tenga algún tipo de influencia en el medio político que el representa, en mi caso, la centro-derecha… es prácticamente una esclavitud abrumadora y es una actividad a tiempo completo.

¿Y entonces, qué lo motivó a asumir esa abrumadora responsabilidad en la forma como usted la ejerce?

Mira, yo inicié mi carrera política en la década del sesenta. Yo soy ingeniero de profesión, tengo estudios superiores en ingeniería. Fui, gracias a mis estudios, un ingeniero exitoso. Como ingeniero mecánico trabaje hasta el año 62 en que, por razones que son difíciles de explicar, yo cambié mi vida… Dejé mi actividad profesional para dedicarme a la actividad directiva empresarial, en la que trabajé por muchos años, pero entonces en esa nueva actividad tenía que viajar permanentemente a Quito, todas las semanas, dividir mi tiempo entre las empresas que dirigía y mis gestiones que tenía que hacer en la capital de la República, porque era un gobierno centralista, con una economía totalmente planificada, y hasta para respirar se necesitaba autorización de algún funcionario público; esto fue influyendo en mi vida y despertando en mí una tendencia, diría yo, una inclinación hacia la actividad política. Consciente o inconscientemente, fui cayendo inmerso en la actividad política. Ya era Director de la Cámara de Industrias de Guayaquil, ya tenía una conciencia nacional de los problemas empresariales en el país, ya había comenzado a aspirar a ser Presidente de la Cámara de Industrias de Guayaquil, y sentí una especie de vocación tardía a la actividad política; como directivo de la Cámara de Industrias, como directivo de la Federación Nacional de Cámaras de Industrias del Ecuador, ambas instituciones las presidí por algunos periodos, fui Diputado Funcional a la Asamblea Constituyente del 66 en representación de las Industrias; en 1968 fui Senador Funcional al Congreso durante el Gobierno del Dr. Velasco Ibarra hasta el año 70 en que cayó Velasco y vino una nueva dictadura, ya estaba yo inmerso per se en el mundo político. Toda esta trayectoria que me condujo a la actividad política tiene como hilo conductor el servicio a los demás, a través de la empresa, del gremio, de la legislatura, del Gobierno, el espíritu que anima al político es siempre el servicio, esa es la motivación.

¿Desde entonces no ha hecho un alto?

Así es. Desde entonces no he salido del medio político, he ganado todas las elecciones para las que he corrido, he sido, pues, como te decía, Diputado Constituyente y en esto una digresión: a veces las elecciones corporativas son más difíciles que las elecciones populares, porque te enfrentas a grupos de gentes pensantes, y que disciernen un poco más de lo que debería discernir el pueblo para escoger. Estos cuerpos colegiados son complicados, sin embargo, no he perdido jamás ninguna elección, ni corporativa ni de elección popular; he sido Diputado, he sido Senador, he sido Representante Nacional, he sido Presidente del Ecuador, he sido dos veces Alcalde del cantón Guayaquil, y he regresado de nuevo al Congreso. Hay ciertas actividades en la vida que no tienen días de descanso, más aún cuando se trata de servir.

¿Es esta la actividad que lo ha llevado a influir como lo ha hecho en la vida política nacional?

De alguna manera, tantos años dentro de la vida política del país, dentro de un partido que mantiene la tendencia más representativa del Ecuador, como es la tendencia de centroderecha, alguna gravitación debo haber tenido.

¿Entonces se considera un referente a nivel nacional?

Sí, mientras mi opinión pueda ser orientadora.

¿Y le abruma tal responsabilidad?

En la vida uno tiene que cumplir sus responsabilidades, le molesten o no. Si no las puede cumplir, el hombre no debe asumir responsabilidades. Sin embargo, de los últimos presidentes que recordamos los jóvenes, de alguna u otra manera, expresa o tácitamente, se han retirado de Ia política.

¿Usted hasta cuando va a estar políticamente activo?

Hasta que el pueblo me retire, y el pueblo te retira con su voto. Yo creo que el retiro absoluto de la actividad política te lo ganas frente al pueblo, cuando el pueblo deja de votar por ti. Hay retiros voluntarios, depende ya de la personalidad y del tipo de político.

¿Pero usted seguirá activo?

Sí. Yo seguiré, no te digo tal vez participando en procesos políticos, pero seguiré activo políticamente mientras viva, porque esa es mi actividad, esa fue mi decisión de hace muchos años y seguiré luchando por los intereses del país.

Hablando de los intereses del país y de la ciudad, en los momentos de dificultad política es cuando más se hace visible que Ia gente reclama un liderazgo. ¿Hasta cuando es su compromiso con el país como con la ciudad?

Bueno, ya te dije: mientras pidan mi opinión, la tendrán. Yo estoy obligado, no tanto por ser político; estoy obligado, por ser ecuatoriano y por ser Guayaquileño, a dar mis opiniones, o cuando la opinión pública o los medios de comunicación la requieran. ¿Hasta cuándo?, bueno, hasta que pueda, mientras tenga lucidez y Dios me de salud. La vocación de servicio termina cuando termina la vida.

Su opinión es siempre combativa. ¿Seguirá siempre así de combativo?

Es cuestión de personalidad. No es cuestión de estrategia política, no es cuestión de maniobra política, es cuestión de carácter, tal vez de genes, es cuestión de personalidad, insisto, yo soy un hombre combativo, lo he sido como estudiante, como dirigente gremial y empresarial, como político.

Eso ya es por naturaleza entonces…

Por naturaleza, es decir, viene en los genes, en el carácter del ser humano. Así nací, supongo que así terminaré.

¿Esa actitud de combate la que lo llevó a aceptar la candidatura a la Alcaldía de Guayaquil, luego de haber sido Presidente Constitucional del Ecuador?

Efectivamente, yo me retiré al terminar mi período presidencial el 10 de agosto de 1988, y había tornado la decisión de retirarme de la actividad y presencia política electoral. Quería dedicarme un poco a velar por los intereses de mi familia, de mis actividades, llevar un poco de vida más tranquila con mi familia.

Pero Ia situación de Guayaquil era tan caótica, realmente dramática, nos inundábamos en basura. Si hacemos un poco de memoria, recordando ese tiempo, recorríamos las principales calles de la ciudad y sus parterres eran no parterres con flores y árboles, sino basureros… las calles totalmente destruidas, el suburbio abandonado, no había alcantarillado, servicios ni pluvial ni sanitario, eran de pésima calidad; el servicio de agua potable también era desastroso, el servicio eléctrico, que había sido ejemplar para Guayaquil, que yo creo que es una de las causas par las que Guayaquil se desarrolló y se convirtió en el principal polo de desarrollo, por Ia presencia abundante de energía eléctrica permanente, eficiente y barata, comenzaba ya a descomponerse por los problemas políticos entre la nueva Emelec —no la tradicional Emelec, que siempre fue eficiente— de propiedad del señor Escopeta y el Gobierno Nacional. Había tantos problemas, que vivir en esta ciudad era casi un calvario, y comencé a sentir una presión de la opinión pública que se reflejaba a través de los análisis de varios encuestadores profesionales independientes y a través de algunos o determinados medios de prensa en el sentido de que debería pensar seriamente en Ia posibilidad de correr para Alcalde de Guayaquil.

¿Sabía usted la magnitud del trabajo al que se enfrentaría?

En sus inicios no me agradó la idea porque era volver a alterar mi vida privada, que no la había tenido muchos años, y de familia, para regresar a la vorágine que es el mundo político activo, pero la presión comenzó a crecer a tal nivel y las encuestas reflejaban una desesperación del pueblo en busca de algún tipo de liderazgo que de alguna manera corrija o detenga Ia caída vertiginosa de Guayaquil hacia el caos, que ya por la presión directa de mis coidearios socialcristianos en el sentido de que corra, comencé a pensar en la posibilidad de hacerlo, y me dediqué a estudiar los problemas de Ia ciudad, organicé un equipo de gente para que me ayude, antes de tomar una decisión, a tener una visión verdaderamente realista de Ia tragedía de Guayaquil. Ese grupo, posteriormente, los amigos comenzaron a llamarlo un poco familiarmente «La Escuelita», ya cuando, habiendo decidido correr para Alcalde, nos preparábamos.

¿O sea que existió una preparación previa?

Claro, antes incluso de conocer los resultados electorales, durante el proceso eleccionario y posteleccionario hasta la posesión, trabajamos permanentemente por meses, puntualizando los problemas de Guayaquil, evaluándoos y planteando en teoría soluciones, y se dio.

Finalmente, quizás por mi inclinación política, que fue más fuerte que mi deseo de retiro de Ia política electoral, se impuso la decisión de correr en las elecciones y resolví intervenir, escogiendo muy detenida y seriamente un grupo de colaboradores, cuya gran mayoría no eran políticos. Yo los consideraba gente capacitada y con experiencia, y así lo demostraron a lo largo del ejercicio, cuando posteriormente fueron elegidos concejales.

La transformación de Guayaquil es visible y a usted se lo recuerda como el reconstructor de Guayaquil. Frente al hombre luchador y combativo del que hablábamos y el reconstructor de Guayaquil, ¿como cree que el pueblo lo aprecia más?

Yo nunca me atrevo a dar opiniones sobre cómo piensa el pueblo. Yo recuerdo siempre una frase del Dr. Velasco Ibarra y ratificada de alguna forma u otra en el mismo sentido por Camilo Ponce Enríquez. Históricamente, históricamente —no me refiero a Guayaquil ni al Ecuador— los pueblos tienen poca memoria, no es que no agradecen el servicio o la atención cuando uno se las da, pero al poco tiempo olvidan.

¿Pero cómo le ha respondido la ciudad?

Yo te diría que para los Guayaquileños de mediana edad o de edad mayor está fresco en la memoria el enorme sacrificio que ellos tuvieron que hacer, y que el equipo que se hizo cargo de la Alcaldía de Guayaquil tuvo que hacer, para iniciar el cambio de esta pocilga que se llamaba Guayaquil, porque era una pocilga.

Tuvimos que aumentar impuestos, tasas, contribuciones, pero la gente pagaba porque, por primera vez en muchos años, comenzaba a ver que su sacrificio, en cuanto al pago de impuestos, tasas y contribuciones, inmediatamente se revertía en atención y servicios, y creo que esa gente de mediana edad o mayores me recuerdan como un hombre que luchó para restaurar el civismo, la dignidad y el prestigio de la ciudad.

¿Siente que la ciudadanía lo reconoce como el reconstructor de Guayaquil?

Bueno, yo he sido luchador político, nunca en función de mis intereses personales, he sido luchador político en función de mi ideología de centroderecha, de la economía social de mercado como sistema para desarrollar económicamente un país y, fundamentalmente, de servicio al pueblo, al pueblo cuya gran mayoría está siempre padeciendo grandes necesidades. No me interesa cómo me reconozcan o recuerden; uno tiene, como hombre, que cumplir con sus obligaciones, y como político y mandatario, servir al pueblo. No ha sido mi propósito en la vida que me recuerden bien o mal.

Evidentemente el riesgo político, el que se asumió al candidatizarse por la Alcaldía de Guayaquil, era enorme. ¿No tenía algún temor de fracasar al tomar una ciudad en ruinas?

Por supuesto, todo desafío conlleva un riesgo, y el que acepta el desafío tiene que estar consciente de que, así como hay posibilidades de triunfar, hay posibilidades de fracasar, porque los obstáculos que se presentan son terribles y muchas veces imprevistos.

¿Los riesgos fueron muchos en la Alcaldía?

Terribles. Para citarte un ejemplo: cuando nos posesionamos en la Alcaldía de Guayaquil, no había dónde sentarse, no había un baño para usar, no había un computador, no había una máquina de escribir, no había papel, no había lápices, borradores, tintas, plumas, no había los servicios elementales, a tal punto que, de acuerdo con el Concejo, llegamos a tomar una decisión dramática, la cual fue cerrar el Municipio por casi tres meses. El desorden era demencial. El cierre fue necesario para reorganizarlo, para poder implantar los sistemas elementales básicos para comenzar a trabajar.

¿Dónde encontró mayores problemas?

¿Problemas? En todo. Haciendo memoria, por ejemplo, el catastro no existía, no existía, simplemente existían miles de fichas catastrales desparramadas y en cajones; se habían robado el resto. Hubo que hacer un nuevo catastro total de la ciudad, para cuyo efecto buscamos la colaboración de las Facultades de Arquitectura e Ingeniería de las universidades de la ciudad; decenas y decenas de estudíantes colaboraron, bajo un padrón diseñado por nosotros, para rehacer el nuevo catastro, que en sus inicios fue un poco elemental y manual y que lo fuimos perfeccionando y perfeccionando, hasta que hoy día tiene finalmente Guayaquil un catastro real interconectado con el Registro de Ia Propiedad y es ejemplo internacional de eficiencia. Detalles como esos. La situación de la recolección de basura y disposición de desechos sólidos; hay que recordar ese viejo botadero municipal de San Eduardo, que era una cosa afrentosa para cualquier persona digna, un peligro ecológico para la ciudad y para la gente que vivía en sus entornos. Todo era un caos y un gigantesco problema.

Frente a la magnitud del trabajo y el caos de la ciudad, ¿se sintió alguna vez incapaz o arrepentido de asumir la responsabilidad de recuperar la ciudad?

Mira, no hubo tiempo ni para arrepentirse. Hubo tanto por hacer, pero tanto por hacer, que muchas veces no sabíamos ya ni como enumerar los problemas, ni por dónde comenzar. Pero lo hicimos, a base de trabajo honesto, de voluntad, de decisión férrea de trabajar y asumir a plenitud la responsabilidad, pero en esto tengo que ser muy enfático, el pueblo nos ayudó a hacerlo, más allá de que los “pipones” —no olvidemos que tuvimos que despedir a casi seis mil personas— se tomaron las calles del Municipio y, para poder entrar a trabajar a la Alcaldía, debíamos tener escolta de la fuerza pública, sea del Ejercito, la Marina, la Fuerza Aérea o la Policía. Poco a poco fueron disolviéndose y desapareciendo los “pipones”.

¿Guayaquil le respondió?

Claro, muy positivamente. Nuestras primeras acciones y gestiones se revirtieron en un apoyo incondicional del pueblo de Guayaquil: en el pago de sus impuestos, tasas, contribuciones; respaldo a la acción municipal; acabamos con treinta y pico de sindicatos de “pipones” que existían en el Municipio. De doce mil u once mil ochocientos trabajadores, inicialmente, nos quedamos con mil y pico técnicamente; el resto eran “pipones”. De un presupuesto cambiado a dólares, hoy día de veinte millones de dólares, dieciocho millones se iban en sueldos y salarios, y el resto de dos millones a “obra pública”, dinero que se lo robaban o dilapidaban.

¿Su equipo humano también respondió a sus expectativas?

Mucho más allá de lo que esperaba. El drama verdadero, el drama verdadero de Guayaquil, a nivel de lo que pasaba en el Municipio y Ia acción que hubo que tomar para reivindicar a la ciudad, solamente lo conocen quienes trabajaron en el Municipio en esa época conmigo, a nivel de concejales, directores departamentales, directores de sección, asistentes, secretarias, empleados y empleadas, trabajadores en general. El mérito es de todos, hasta de los más modestos conserjes. Todos metieron la cabeza y arrimaron el hombro para ayudar a sacar esta ciudad del caos en el que había caído. No dejo de agradecerles el sacrificio, cada vez que tengo oportunidad, a quienes me acompañaron, muchos dejaron sus empleos privados, sacaron tiempo de su descanso, por sueldos poco menos que míseros, al menos durante los primeros años.

Frente a todo el riesgo que se asumió, lo que usted dice que conlleva un éxito o un fracaso, en el hipotético caso de que hubiera fracasado, ¿usted cree que el pueblo de Guayaquil se lo hubiera perdonado?

iNo, señor! Los pueblos no perdonan Ia incapacidad, me habría hundido. Si acepté el reto, consciente de que había riesgos de fracasar, tenía que jugarme la vida, mi trayectoria política y aún la de mi partido, en salir adelante, en triunfar.

¿Valió la pena el sacrificio?

Todo sacrificio, todo sacrificio en función del bien común, por la tierra donde uno nace y sabe que va a morir, vale la pena, bajo cualquier circunstancia.

Cuando usted aceptó la candidatura, pronunció Ia siguiente frase: “Para ustedes, ecuatorianos, para ustedes, Guayaquileños, por la Patria, acepto la candidatura a la Alcaldía de Guayaquil”. ¿Recuerda la frase?

Recuerdo la frase y resume lo que te acabo de decir, justo antes de que me hagas la pregunta.

Entonces, ¿aún tiene vigencia la frase?

Aún tiene vigencia.

¿Cree que todo el esfuerzo valió Ia pena?

Tan valió la pena que, a nivel de los Guayaquileños, a nivel de los ecuatorianos, a nivel de los extranjeros, Guayaquil es otra ciudad. Tan valió la pena, que Guayaquil es una ciudad con un desarrollo consistente. Tan valió la pena, que Guayaquil es la ciudad que más trabajo genera desde el punto de vista de la acción municipal; tan valió la pena, que los Guayaquileños nos sentimos de nuevo, después de algunos años, orgullosos de ser Guayaquileños.

¿El resultado de este esfuerzo fue seguido en otras ciudades?

Creo que el progreso de la ciudad sirvió como un ejemplo para los sistemas de gobiernos locales y especialmente de los cabildos del país, porque después de Guayaquil siguieron una serie de buenos alcaldes, que han honrado con su acción y sus resultados el voto que el pueblo dio por ellos, en un sinnúmero de cantones del país.

Volviendo un poco a los temas concretos de la Alcaldía, cuando usted fue Presidente de la República, mal o bien, el país tenía una estructura cuando asumió el Gobierno; en Guayaquil, como me contaba, no existían baños, no existían ni siquiera papeles.

Nada. No existía nada. Todo era un caos.

¿Si no existía absolutamente nada, cómo se sintió usted el primer día de Alcalde?

Casi me muero. Cuando entré a inspeccionar las oficinas, los departamentos del palacio municipal, si no me dio un infarto es porque soy un hombre de corazón fuerte; era simplemente para morirse, me hice una pregunta a mí mismo: ¿qué carajo hago aquí? Las cúpulas, las cuatro cúpulas del edificio municipal, que es hermoso, estaban apuntaladas con caña gradúa; en los corredores municipales superiores, en el último piso, no podías caminar a través de ellos porque estaban atestados con muebles rotos y con basura; la famosa caja fuerte que existía en uno de los pisos del palacio municipal, la usaban como el cuarto para aplicar el derecho de pernaje, como en los señoríos feudales de la Edad Media, pero eso de que habían cuartos, habitaciones, de alquiler, es como lo oyes, el palacio municipal convertido en lenocinio.

¿Eso lo denunció?

Claro, creo que más o menos al mes de haberme posesionado, hice una exposición a la ciudad por televisión, cuya grabación debe existir en los registros municipales, y en algo le demostré a la ciudadania lo que había recibido, y recuerdo que ese primer nueve de octubre de 1992, que el Arq. Durán-Ballen, en ese entonces Presidente de la República, vino a Guayaquil, y recorrió conmigo el palacio municipal, también a el casi le da un infarto, porque era increíble de ver lo que había ahí adentro, eso era una… voy a volver a usar con vergüenza el vocablo más apropiado, una pocilga, era para no creer. Ahí vino la decisión dramática de cerrar el Municipio. Cerrarlo físicamente.

¿Entonces no se presto servicio alguno al público?

Se atendió en lo elemental y para que los trabajadores cobren sus remuneraciones, pero nada más. Pero los servicios elementales del Municipio de atención no se los podía dar porque no había cómo darlos.

Ahora, en las materias en las que usted no era especialista, como el catastro, el aseo de calles, ordenanzas, vialidad urbana, etc., ¿cómo hizo ahí?

Buscamos asesores. Mira, como de costumbre, el éxito radica fundamentalmente en una serie de facetas, desde la actitud positiva, el conocimiento del problema, el uso del tiempo, el escogimiento del equipo, la perseverancia, la capacidad de decisión; no hacíamos ni tomábamos una discusión sin previamente analizarla a fondo, hasta lo elemental.

¿Pero el trabajo de dirección?

Yo he sido toda mi vida obsesionadamente perfeccionista, y eso es una esclavitud; yo soy un hombre que reviso todo, organizo bien mi trabajo y he tenido muy buen equipo alrededor mío en todas las funciones públicas que he ejercido; las cosas se van de paso en paso desagregando y analizando hasta que llegan a mí, y yo hago una revisión total. Yo no he dejado de firmar, de leer y revisar cada papel que he firmado, y yo debo haber firmado y aprobado, entre comprobantes de pago y oficios, más de doscientos mil documentos en mis ocho años de Alcalde. Era común ver salir del Municipio a mis asistentes cargados con cajas llenas de papeles para trabajar de noche en mi casa, o para trabajar en mi casa durante los fines de semana. Pero mi equipo era fundamental, sin mi equipo no hubiera llegado a ninguna parte, porque todo pasaba por una serie de tamices y el examen final lo hacia yo, ya en el proceso de tamizado se eliminaban una serie de falencias.

Así dicen que para las ordenanzas usted leía artículo por artículo previamente a su aprobación.

Te cuento una anécdota: el Reglamento de Funcionamiento del Terminal de Víveres, que para Guayaquil era una nueva experiencia, terminé redactándolo yo, y testigos de eso son el Secretario Municipal, el Director de Aseo Urbano y Rural y el Asesor Jurídico del Municipio en esa época, lo escribí personalmente.

¿Cómo hizo la selección de los directores, si nadie sabía qué hacer, y cómo era la coordinación entre los directores, porque son temas diversos y directores que supongo a algunos no los había tratado?

El poder es piramidal, el poder es piramidal.

¿No hay horizontalidad?

No puede haber; es que para ejercer el poder tiene que ser, figurativamente, por gravedad; no de abajo hacia arriba, sino de arriba hacia abajo, esa es la gravedad, como la definió físicamente Newton, igual es el poder administrativo, el poder en general, en el buen sentido de la palabra. Tú trabajas con el equipo, pero la decisión final la tienes tú, y en este caso el Alcalde y el Concejo, esa es la soledad del poder, la responsabilidad en la toma de decisiones.

¿Y como escogió a la gente de su equipo?

Pero, ¿cómo escogí la gente? A través de evaluaciones muy serias de un grupo de especialistas en cada materia, con un equipo que conforme en el Municipio para hacer las evaluaciones, y no mirábamos ni tendencia política, ni raza, color o religión, sino capacidad y honestidad, así se escogieron los diferentes directores departamentales; el equipo lo integramos buscando los mejores; hay que reconocer que la empresa privada ayudó mucho y los ciudadanos a quienes pedí que me acompañaran no pusieron reparos en hacerlo; nos olvidamos de las exclusiones, que en lo político muchas veces se producen, tuve la libertad suficiente para buscar gente idónea, pues, al final, yo iba a ser la cabeza de la administración y el responsable final de aciertos y desaciertos.

¿Es verdad que en el equipo municipal prácticamente no había mayoría de afiliados a su partido?

Nunca, nunca pensamos en partido. Cuando se trata de los grandes problemas de la ciudad o del país, tú no puedes pensar en partidos.

¿O sea que el equipo municipal no respondió a su partido?

Nunca respondía al partido, y yo pedí independencia partidista y el partido me la concedió.

¿Eso no le trajo problemas con el Partido Social Cristiano?

¡Ninguno!, ¡ninguno! Ahora, to voy a ser franco, si en la evaluación de una persona el socialcristiano era el mejor, no teníamos tampoco objeción en ponerlo.

¿Lo desilusionó alguno de su equipo?

Nadie, ninguno. Tengo que decir, con orgullo y gratitud, que ninguno me decepcionó.

¿Lograba con su equipo lo que buscaba solucionar en cada problema?

Lo perfecto es enemigo de lo bueno y de lo posible, el que busca lo perfecto pierde el tiempo, no lo va a encontrar jamás. Hay que intentar llegar a lo óptimo, pero no a lo perfecto, porque no existe. Pero si me preguntas sobre el orden y la coordinación, hay que intentar, y siempre lo he hecho, intentar llegar a lo óptimo, a lo excelente. No hay que ser mediocre.

Pero usted siempre buscó llegar a la excelencia.

Sí, es verdad que uno tiende a buscar que las cosas le resulten perfectas, pero si emprendes una tarea, cualquiera que sea, posiblemente nunca llegues a una meta, es mejor contentarse con lo buena, con lo eficiente, pues muchas veces lo perfecto es irrealizable y tienes que compaginar con metas reales, lo perfecto es casi una abstracción.

¿Hay que ser obsesionado con lo óptimo entonces?

Hay que ser obsesionado por lo que uno cree que deba hacerse. Y que se haga bien hecho y honestamente hecho.

Prácticamente en todos los gobiernos se cumplió con las rentas para Guayaquil. ¿Eso se debió al respeto par la ciudad a al temor por su poder político?

Bueno, los municipios terminan recibiendo sus alícuotas que nacen de la ley y de la Constitución. Pero como las finanzas municipales de ningún municipio gozan de liquidez necesaria, la rapidez de la entrega es básica porque las necesidades son diarias. Y tengo que admitir que en los ocho años que fui Alcalde, todos los gobiernos, incluso el de Bucaram, cumplieron al día con el Municipio de Guayaquil. ¿Que a qué se debe eso? Encuéntrale la justificación que sea, pero se dio, nunca hubo atraso de transferencias de las legítimas rentas de Guayaquil.

Siguiendo sobre Guayaquil, usted puso hitos en la transformación, como los túneles, la avenida urbana más amplia del país, el Malecon 2000.

Bueno, mira, no solamente en esa obra gigantesca como es, pues, la avenida Orellana, la ampliación de la vía a Daule, los túneles… el relleno sanitario está considerado uno de los mejores en el mundo, vienen de todas partes a verlo y a estudiarlo y no fue fácil su diseño, usamos tecnología extranjera, revisada aquí por la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), y vuelta a revisar par nosotros y por expertos que trajimos, y se lo fue mejorando, y hasta que yo fui Alcalde y entiendo que todavía sigue manejándose como un reloj. Es básico para la disposición de desechos sólidos, porque nada sacas en recoger la basura, como se da en ciertos cantones, cuando la botan en el borde de las carreteras, pues, tienes que disponer de los desechos biodegradables de forma técnica, eso es un problema que fue básico solucionar para el desarrollo de la ciudad. El asunto mercados que atienden al público; higiénicos, decentes, organizados; el arreglo de los parques y la entrega de esos espacios verdes al sistema del sector privado para que ayude con su cuidado y su mantenimiento; son hitos en la historia del desarrollo municipal y del país, que no los ves en la magnitud de la ampliación de la avenida Orellana, o como ves los túneles o el Malecón 2000, pero que están ahí. Sin mencionar los cientos y cientos de kilómetros de vías de penetración y de calles para las áreas marginales de la ciudad.

Sí, en realidad yo me refería a esas obras como parte de toda la transformación…

Es que fue un cambio total: parques, mercados, organización municipal, proporción y distribución del gasto municipal entre gastos e inversión, gasto burocrático, todo ello estudiado y optimizado, son las bases que se sentaron como precedentes en la historia del nuevo desarrollo municipal. Yo no digo solamente desarrollo municipal guayaquileño y ecuatoriano, sino internacional, a tal punto que no es por blablablá ni palabrería que Naciones Unidas reconoce la transformación de la ciudad y de sus servicios en función de la acción municipal; la eficiencia institucional fue una de los motivos del reconocimiento.

¿Toda esta labor le ha dada sostenibilidad al sistema que usted implantó? ¿No ha temido que por malas administraciones, o por el desvío de las políticas que usted trazó, quede obsoleto o pueda fracasar?

Bueno, todo hay que irlo modernizando. Incluso dentro de nuestros periodos durante los ocho años fuimos cambiando las cosas, a medida que la experiencia nos iba demostrando la necesidad de corregir, de simplificar, de mejorar. Los sistemas nunca son perfectos, van mejorando en función del tiempo y van reajustándose en función de su ámbito, hay un dinamismo propio de la variabilidad de las necesidades sociales, en este caso, de la ciudad.

Por ejemplo, una cosa es cobrarle impuestos, tasas o contribuciones, a cincuenta mil personas naturales o jurídicas, otra es cobrarle a ciento cincuenta o doscientas o trescientas mil. Los sistemas tienen que ir actualizándose, perfeccionándose y adecuándose. Por ejemplo, pasamos de la manualidad elemental que existía en el trabajo municipal a una computarización total de los sistemas municipales, total; pasamos a un sistema integrado e interconectado, incluso, con el Registro de la Propiedad y Catastro, como en pocos países existe. Me acuerdo que, para implantar la tecnología de la computación, tuvimos que pedir personal prestado del Banco Central del Ecuador y de los organismos que tenían mayor experiencia en esta materia, hasta desarrollar un sistema de computación que es de primer nivel, como es el que tiene el Municipio. Todo en el Municipio quedó totalmente computarizado, el catastro incluso.

¿Pero usted piensa, entonces, que la Municipalidad en sus procesos es sostenible o no?

¡Claro que sí lo es! Un sistema bien fundamentado tiene que sobrevivir.

¿Es posible que por alguna mala administración todo colapse?

¡Ah no, no!, cuidado… cuidado… Hasta Fort Knox, la bóveda del Tesoro de los Estados Unidos, se viene abajo si se la maneja mal, pues. Cualquier sistema, por bueno que sea, colapsa si no se lo sostiene y se lo moderniza y se lo controla; nada es automático, si no se lo controla adecuadamente, solo una debida vigilancia puede hacer durar un proceso administrativo. Hay que estar tras los controles directos de la marcha de las cosas, si bien la informática, con su velocidad y agilidad es una herramienta, no es más que eso; el computador todavía no iguala la racionalidad del ser humano para el control o para el seguimiento permanente.

Entonces usted cree que siga funcionando…

¡Ah, si! Eso funcionará mientras los alcaldes funcionen. Si vienen alcaldes desastrosos, eso colapsa, con la rapidez que colapsa un edificio bajo el impacto de un terremoto.

En la reelección para su segunda administración, el voto fue superior a la primera, y usted pudo seguir siendo Alcalde. Luego volvió a la política como diputado, ¿entonces, por qué no aceptó una tercera candidatura a la Alcaldía?

Bueno, yo me retiré de la Alcaldía el año 2000, después de ocho años de intensísima labor, porque estaba cansado; la candidatura para diputado data del 2002. Había tenido problemas de salud serios, había tenido cuatro o cinco intervenciones de alta cirugía, me había recuperado, pero creo que merecía un descanso. Me hubiese gustado seguir, pero pensé que tenía que concederme, yo mismo, algún tipo de solaz por un periodo determinado.

¿El ‘reposo del guerrero’?

Si quieres verlo así, sí… para restañar heridas; casualmente en el ejercicio de la Alcaldía se me detectaron algunas graves enfermedades y fui intervenido quirúrgicamente en las arterias del corazón.

Incluso lo dieron por muerto una vez…

Sí, así fue, para disgusto de unos pocos, tuve que aclarar que estaba vivo; lo hice por un boletín que firmé desde la clínica, en el exterior.

¿Pero continuó?

¿Y qué más podía hacer? Creo que ya lo hablamos: en la vida las responsabilidades se deben cumplir, no importa lo que uno arriesgue.

¿Así sea la vida?

Así sea la vida.

¿Es verdad que cuando se le desprendió la retina fue a trabajar?

Sí, el desprendimiento de retina del ojo derecho, que luego se complicó, se produjo al visitar alguna obra y fui a trabajar hasta la tarde, el dolor fue intenso y tuve que ir al médico, creo que fui imprudente.

¿Cómo controló Ia oposición en el Concejo?

Yo no tuve verdaderamente oposición en el Concejo. Yo tengo que admitir que todos los concejales contribuyeron, aunque venían de otros partidos muy pocos de ellos, porque la mayoría socialcristiana en el Concejo se dio desde el inicio de mi administración municipal, pero los concejales de todos los partidos contribuyeron; al inicio en mi administración, como de costumbre, hubo problemas con los señores del PRE (Partido Roldosista Ecuatoriano), hasta que se dieron cuenta de que perdían el tiempo, porque todo lo que proponíamos era en función de Ia ciudad, y en beneficio de la ciudad, con honestidad y en cumplimiento de la ley.

Los concejales, por ley, son legisladores seccionales y no ejecutivos; aun así, ¿es verdad que usted, por oficio, prohibió que los directores municipales atendieran a los concejales?

Sí, así fue. La orden escrita debe estar en los archivos, fue una circular. Los concejales tenían una función, actuar como concejales durante las sesiones del Concejo, donde todo era puesto a consideración de ellos, de acuerdo con la Ley de Régimen Municipal, y atender las responsabilidades que generaban el nombramiento que el Concejo hacia de los concejales para las diferentes comisiones. Ningún concejal podía traficar influencias en ningún departamento. En cuanto a tu pregunta, sí recuerdo que algún concejal, no del Partido Social Cristiano, porque ellos conocían mi concepto y definición en este aspecto, estaba queriendo interferir en la administración, como había sido costumbre, cuotas de poder, contratos, nombramientos, permisos, etc., yo detuve todo eso y dispuse que los directores departamentales hagan lo suyo y no atiendan pedidos de concejales, y ellos, los concejales, lo que por ley tenían que hacer era trabajar en la legislación seccional, en las políticas generales del Cabildo y en las comisiones que la Ley de Régimen Municipal dispone… nada más.

¿Esto no le acarreó problemas con los concejales?

Absolutamente ningún problema. Todo el mundo cumplió a cabalidad durante los ocho años que yo fui Alcalde; ningún concejal se atrevía a meterse dentro del ámbito de actividades de un director municipal. Yo siempre repetía que, así como el Presidente de Ia República tiene su gabinete y sus ministros de Estado, el Alcalde de Guayaquil tiene su gabinete en los concejales, pero para efectos de legislación y trabajo en sus comisiones, punto, hasta ahí; la capacidad administrativa radica exclusivamente en el Alcalde y en los directores departamentales, esos sí tienen capacidad legal administrativa.

¿Es cierto que les prohibió, también por oficio, a los directores municipales salir a almorzar?

¡Sí señor!, porque yo tampoco salía a almorzar; yo comenzaba mis tareas a las nueve y medía de la mañana y salía a las seis y medía o siete de la noche. Almorzaba en mi escritorio; de mi casa me mandaban un sánduche, y almorcé en mi despacho durante ocho años.

¿Era ininterrumpido el trabajo, entonces?

Ininterrumpido. Y de eso son testigos los empleados municipales de esa época, y ninguno puede desmentirme…

¿Los directores seguían su ritmo?

Todos lo hicieron, no solo los directores, los jefes departamentales, los asistentes, las secretarias, colaboraron con sentido de servicio. Les agradezco siempre, vieron que Ia cabeza ponía el ejemplo…

Usted manejó Ia ciudad con “mano dura”, por decirlo de alguna manera; los resultados están a la vista, ¿por que no hubo resistencia?

Porque el contribuyente y el ciudadano ven que su sacrificio en cuanto al pago de impuestos, tasas y contribuciones, se revierte en mejoras inmediatas, y tú ves que los meses de enero de cada año las colas de gente para pagar sus impuestos en el departamento financiero son más grandes y más grandes; Ia gente quiere pagar y cumplir.

En su Alcaldía, más que en todas las Alcaldías juntas en la historia, se hicieron más expropiaciones que nunca.

Sí, en función del interés mayoritario de la ciudad, pero cumpliendo con la ley al pie de la letra y pagando hasta el último centavo.

Esto tiene que haber ocasionado algún tipo de reclamo…

Hubo reacciones, por supuesto que las hubo. Por ejemplo, cuando se amplió la vía a Daule o se ampliaron avenidas; hubo reacción de gente que se sintió afectada, pero la expropiación es un mecanismo que contempla la ley justamente para dar atención a necesidades colectivas, desgraciadamente afecta a algunos, pero jamás desalojamos a nadie sin haberle pagado su propiedad al valor comercial fijado por el organismo público competente, por la Dirección Nacional de Avalúos y Catastro. En esto fuimos extremadamente cuidadosos y justos.

Con toda la transformación que ha comentado sobre el tema de parques, red vial, mercados, control y ordenamiento de espacios públicos, relleno sanitario, recolección de desechos sólidos, etc., hubo una especie de consenso. Sin embargo, en el caso de las bahías, ¿como logró una organización?

Se las reorganizó totalmente, y se las encuadró dentro de las veredas y fuera de las calles; acuérdate de que la calle Eloy Alfaro era intransitable mucho antes de la avenida Olmedo, viniendo de sur a norte; sin embargo, se las puso en orden sin violencia, ordenándolas y reglamentándolas adecuadamente, como en Ia avenida Olmedo, la calle Chimborazo, la calle Chile, etc. Se impidió que sigan creciendo desordenadamente; más de tres mil informales fueron debidamente ordenados.

¿Qué haría si el país o la ciudad le piden nuevos esfuerzos o sacrificios?

Bueno, ya estoy un poco viejo, bastante más viejo. Durante la propia Alcaldía tuve serios problemas de salud que los he logrado vencer, pero camino al atardecer de la vida y, a medida que uno avanza hacia el final, pues ya no tiene las mismas capacidades, ya no tiene la misma resistencia. Pero, sí, estoy dispuesto, quizá no desde un puesto público, porque tal vez ya no esté para puestos públicos, pero desde cualquier posición, como Guayaquileño, seguiré sirviendo a mi ciudad, a mi provincia y a mi país.

¿Cree usted en lo del “reposo del guerrero”?

Yo sí creo en lo del reposo del guerrero, para efecto de restañar las heridas, para efecto de recuperar la fuerza, pero los pueblos son demandantes, los pueblos son exigentes, y uno tiene que convivir con esa presión.

¿Entonces qué sería para usted “morir con las botas puestas”?

Morir cumpliendo mis responsabilidades, y mi responsabilidad la cumplo no solamente desde el puesto público, la cumplo también como ciudadano cuando se me pide mi opinión y la doy con franqueza y con libertad, porque yo me he caracterizado siempre por decir lo que siento, no lo que me conviene políticamente.

¿Autenticidad?

Es básica para el éxito político. Siempre he creído que ser fiel a los principios es fundamental en el hombre, en eso consiste la autenticidad: tú no puedes alcanzar credibilidad y respeto de los demás si primero no eres leal contigo mismo, con tus principios, y para ello debes ser frontal y directo, sin dobleces; por supuesto que esto to genera confrontación y polémica, pero es preferible a engañar o a ser ambivalente.

Tres frases suyas: “Para ustedes, Guayaquileños, acepto la candidatura a la Alcaldía de Guayaquil”; “…lo que hemos logrado en Guayaquil no lo vamos a dejar perder”, y “…aquí queda una ciudad distinta a la que me entregaron, el abandono y la vergüenza se han transformado en acción diligente y en pletórico orgullo y optimismo”. ¿La ciudad le agradece?

Mira, a mi me gusta leer y me gusta mucho leer historia, y si algo se me quedó muy pronto y desde muy joven al examinar la historia es que los pueblos tienen mala memoria, son desmemoriados, por sobre todo en los periodos inmediata o mediatamente después de sucedidos los hechos, que los olvidan fácilmente; ya después de algunos años, de alguna forma por la vida, por comparación, por historia, o bien leen y aprenden y recuerdan, o perciben e intuyen. Pero mi motivación nunca ha sido lo que es la aspiración de mucha gente, políticos gobernantes o no, de pasar a la historia o que me erijan un monumento. Mi única motivación en Ia vida de servicio, que es o debe ser la vida del político, ha sido cumplir con mis responsabilidades. Ese es el leit motiv de mi vida. Creo que he tenido aciertos, he tenido desaciertos, como todo ser humano, pero en la balanza creo que mi obra ha sido más positiva que negativa, que me la agradezcan o no, es secundario.

Le recordaba estas tres frases, Ia primera, al aceptar la candidatura a la Alcaldía; la siguiente, al proclamar la segunda candidatura, y luego, al dejar su última administración; efectivamente, como usted dice, los pueblos son desmemoriados, ¿pero el hecho de que los jóvenes no recuerden su gestión municipal no le coarta su voluntad de servicio?

No, en lo absoluto. No olvides que la transformación de Guayaquil es desde 1.992, tú mismo eras un jovencito que, como muchos, se acostumbraron a vivir en una ciudad que la vieron transformarse durante su adolescencia y primeros años de juventud. Pero tu pregunta va más allá y déjame aclararte algo, yo nunca he sido vanidoso, de eso nadie me puede acusar, nunca fui pretensioso y nunca he sido exhibicionista de mis acciones y obligaciones. Nunca usé los resortes o mecanismos municipales para hacer publicidad, nunca, nunca. Yo hice muy poca publicidad, Ia necesaria para que se conozcan las obras y la ciudadania les dé el uso adecuado. Me dedique a trabajar, a servir, para eso hice el sacrificio, no para promoverme, sino para cumplir con mis responsabilidades cívicas y ciudadanas, porque soy autentico Guayaquileño y ecuatoriano. Esto es ajeno a que me agradezcan o no. Y la falta de gratitud, y hasta de recuerdo, no me molesta en lo más mínimo.

Hay que reconocer que la gente de edad media o mayor recuerda mucho más su administración, lo que era Guayaquil y en lo que se transformó.

Bueno, yo creo que eso se acentúa más, porque los jóvenes no sufrieron al Guayaquil destruido y saqueado, pero hay que reconocer que la juventud de hoy día es un poco disoluta; a través de las comunicaciones, el Internet, la televisión, se desvía de lo que debería ser la educación en asuntos fundamentales, pero eso es parte de la evolución de la sociedad, sobre eso lo único que puedo hacer es comentar… Será que nosotros tuvimos otra formación en el colegio, otra educación, sea en primaria como en secundaria, nosotros estudiábamos cívica, historia, latín, griego, incluso dábamos exámenes de ingreso —cuando veníamos de colegios religiosos para pasar a secundaria— en un colegio fiscal público, como es el Vicente Rocafuerte. Yo creo que nuestra formación era más inductiva, lograba que uno aprenda la esencia de la historia y a recordar los hechos trascendentales. Hay en día la juventud debe conocer su inmediato pasado para cuidar que no vuelvan a repetirse hechos como los que llevaron a Guayaquil a su destrucción,..

¿No le molesta que la gente joven no recuerde su obra y lo que era Guayaquil?

No, no me molesta. Te lo repito. En tanto y en cuanto yo esté consciente, y lo estoy, de que cumplí, y en tanto y en cuanto yo esté seguro de que con el equipo con que trabajé servimos honorablemente y responsablemente a la ciudad. Y de eso también, estoy seguro, la historia sabrá recoger. Y los jóvenes sabrán juzgar.

Usted nunca ha ocultado los problemas de salud, ¿esto de mostrarlos o mencionarlos no cree que demuestra debilidad ante la gente, ante la opinión pública?

Bueno, la alternativa sería esconderlo… Y ya to dije que yo no escondo nada…

No, no digo esconderlo, pero tal vez no mencionarlo, ¿ello no es muestra de debilidad?

Yo no lo menciono, yo no hablo sobre mis problemas de salud, salvo cuando me preguntan.

Bueno, pero el país prácticamente siempre está enterado de cada una de sus enfermedades…

Eso es inevitable, porque la vida de los hombres políticos, como decía Carlos Julio Arosemena, en una de sus memorables frases un poco fuerte: “Es tan pública como pública es la vida de una ramera”.

¿Entonces usted no piensa que hay una especie de paradoja entre las dolencias físicas que conoce la gente y, sin embargo, lo sigue admirando por su fortaleza?

Yo creo que eso es cuestión de carácter, de temple y de formación, yo nací con cualidades y defectos, o defectos y cualidades, viví y vivo con cualidades y defectos, y voy a morir con los mismos. Es cuestión de genes.

En el límite de la fortaleza física, los seres humanos piensan en descansar, en su familia. Pero lo hemos vista a usted bajarse de un avión con un ojo menos, visiblemente adolorido, y seguir en una lucha continua.

Volvemos a lo del carácter, yo diría que una de las cualidades o defectos de mi personalidad es la perseverancia; quienes me conocen y quienes han trabajado conmigo saben que yo soy perseverante, que sigo las cosas, que no abandono las tareas, porque cuando son una responsabilidad, el fin es conseguir lo que busco, y para eso se necesita constancia, sinónimo de perseverancia. Las circunstancias del país exigen preocupación y atención, y el país siempre ha tenido mi preocupación por sus problemas… Por otra parte, Dios me conserva con cierta fortaleza física y lucidez que me permiten mantenerme activo en lo que tú llamas una lucha continua.

Aún a riesgo de su salud

Aún a riesgo de mi salud.

¿No ha habido pedidos de su familia, por los problemas que ha tenido, para que se retire de la actividad política? Uh…, cualquier cantidad, los tengo hoy día, los tuve, y antes de eso… Mi familia nunca ha querido que yo sea político; yo era un exitoso profesional y empresario, pero fue un asunto de formación, fue un asunto de vocación que estaba escondida; yo vengo de ancestro político y militar, entonces tal vez mi vocación política sea genética; yo cambié el curso de mi vida radicalmente, hasta los treinta años de edad no se me había ocurrido siquiera irrumpir en el campo de lo político, pero esta, no se si vocación o como quieras calificarlo, se comenzó a presentar con mucha fuerza en mi personalidad ya pasados los treinta.

Volviendo a lo anterior, lo que le decía de la paradoja, ¿significaría presentarse tal como es?

Así es, mira, uno es como es, con sus fortalezas y sus debilidades, más allá de que las enfermedades, propias del paso inexorable del tiempo, no son debilidades. Todo ser humano a medida que va llegando al atardecer de la vida, a la vejez, va perdiendo física, va perdiendo resistencia, es más proclive a las enfermedades y a los problemas físicos y de salud, y lo peor que puede hacer un político serio, en mi concepto, es esconder las realidades a Ia gente… o engañarse a sí mismo.

En ese sentido estoy de acuerdo, pero mi pregunta sería si políticamente tal vez no le convendría no ocultarlo, sino no mencionarlo…

¡Nunca he sido un político de conveniencia, nunca, nunca! Nunca he sido calculador, nací auténtico y digo las cosas como son; yo creo que por doloroso que sea lo que uno tiene que decir, la gente prefiere cuando a uno lo conoce, que uno sea así, que no Ia engañes. El doctor Velasco Ibarra y coincidentemente el doctor Camilo Ponce, dos de los políticos que más he admirado, políticos ecuatorianos, coincidían en decir que el éxito del político honesto y sincero radica fundamentalmente en la autenticidad, y la autenticidad es presentarse mostrándose desnudo frente a Ia opinión pública, que conozcan de sus cualidades y sus defectos, y que, conociéndolas, si lo escogen, voten por uno.

Después de casi toda la vida dedicada a Ia política a partir de sus treinta años, ¿considera que a estas alturas ha sido un sacrificio?

Tremendo, tremendo. El que no esta involucrado, y por sobre todo cuando llegas a posiciones altas en Ia dirigencia política y tienes que asumir responsabilidades, es donde viene lo que se llama comúnmente la soledad del poder, porque la soledad del poder no es estar solo, pues, si los políticos en ejercicio de un cargo lo que tienen es exceso de gente alrededor, son como abejas alrededor de la colmena; la soledad del poder es que, al final, el que tiene el liderazgo es el que toma las decisiones, y corre, como toda decisión, el riesgo de ser acertada o desacertada, consciente como tenemos que estar, que cuando uno toma la decisión en su negocio se perjudica uno y sus trabajadores, pero cuando ya tomas una decisión a nivel de liderazgo político afectas a muchos, decisión acertada o equivocada.

¿Cree que se ha sacrificado, entonces?

No, he hecho lo que mi conciencia y Ia ley me han ordenado. No hay sacrificio cuando uno ha servido, más bien hay un sentido de realización… Fue mi decisión dedicarme a la vida política, lo seguiré haciendo. Ahora, que he sacrificado muchas cosas: una vida tranquila, el descanso después de muchos años de trabajo, así es, pero esos sacrificios frente a lo que uno cree que es su deber, no tienen mayor importancia.

Sin embargo, como usted lo ha dicho, no ha hecho las cosas de su vida por gratitud o agradecimiento de nadie, ¿usted cree que el país le ha agradecido hasta ahora?

Bueno, si lo pongo desde un punto de vista sí, porque no he perdido nunca una elección; ahora, que la gente me recuerde o no me recuerde, que estén conscientes de que es lo que he hecho o no he hecho, no sé, no sé… yo no lo podría decir. Pero lo que sí te puedo decir, ya como ser humano, es que recibo muchas expresiones de afecto en todas partes donde voy, no solamente en Guayaquil, acabo de estar en Esmeraldas, cuando voy a la Sierra; en todas partes hay gente que me demuestra expresiones de afecto, de simpatía, de agradecimiento.

Sin embargo de que usted siempre dice, y lo ha demostrado, que no se convierte en propagandista de sus obras, cuando se inició Malecon 2000 se pronunció por primera vez en su administración, en uno de sus discursos, el concepto de “regeneración urbana”. ¿Usted pensó realmente que el malecón iba a regenerar el centro de la ciudad como se lo ha hecho?

Bueno, yo nunca llegué a prever eI impacto social que tuvo desde el punto de vista de restaurar el civismo en Guayaquil el desarrollo del Malecón 2000. Nunca me imaginé que llegaría a tener el impacto que ha tenido; fue trascendental, porque la obra se identificó con el civismo, con la reivindicación del urbanismo moderno en la ciudad, incluso con la recuperación de sus valores tradicionales de espacio público y del consiguiente amor por la ciudad, regresamos el pueblo al río. El malecón era un desastre, era asqueroso, recuérdalo, tú no veías a nadie en el malecón, y en el Malecón 2000 lo que ves ahora es gente, con seguridad, en fin, tuvo un impacto social y psicológico que nunca creí se iba a producir.

Si consideré que debía recuperarse como un ícono del gran Guayaquil que había nacido y se había desarrollado desde el cerro y por el malecón de los viejos muelles. Me sorprendía la gran acogida de las personas. Yo pensé que el Malecón 2000 era vital, imprescindible para la ciudad, su carta de presentación, a tal punto que yo to diría que, desde el punto de vista de la ciudad, se convirtió en uno de los símbolos de la administración y fue mi administración la que hizo el Malecón 2000.

Sí, ¿pero más allá del impacto turístico, usted concibió que el malecón iba a ser una especie de eje propulsor para nuevas obras de regeneración?

Bueno, después de recomponer la infraestructura de la ciudad, fue el primer paso que se daba para su embellecimiento, era el paso inicial, pero ya en eso vino la terminación de mi periodo y han seguido con el proceso de embellecimiento de la ciudad.

¿Pero la concepción de la obra fue suya?

Veamos, yo no soy urbanista ni arquitecto, pero siempre anhelé la transformación de Guayaquil; cuando fui Presidente, a través de una unidad de obras del Banco Central, apoyé una remodelación del malecón que se realizó.

¿Pero eI malecón actual?

Cuando a través de dos funcionarios de mi administración se me hizo conocer el proyecto esquemático, este era hasta cierto punto modesto, luego el proyecto fue ampliado a las dimensiones actuales. Ejecutivos del entonces Banco La Previsora financiaron este esquema con Oxford Brookes University, se creó un ingenioso sistema que ahora está vigente en todo el país pare dar viabilidad financiera a esta clase de obras, mediante la contribución de un porcentaje del impuesto a la renta. Para el caso de Malecón 2000, más del 98% de la obra fue financiada por donantes de la empresa privada de Guayaquil, bajo el mecanismo de la ley que el bloque de mi partido propuso en el Congreso.

No sé si usted esta consciente de que en la recordación de las personas de sus obras, la mayor parte menciona el Malecón 2000, con menor peso los túneles…

Bueno, es que los túneles yo los dejé contratados y en marcha su construcción, con un detalle que tú no conoces, posiblemente: parte del dinero venía de la Corporación Andina de Fomento, CAF, ahí no había dudas, pero parte, el 30%, era aporte municipal, dejé el dinero congelado en el Banco Central, para que no se me diga mañana que no se terminaban los túneles por falta de dinero municipal, dejé los dineros en el Banco Central. Si los túneles costaron 65 millones de dólares, y el Municipio tenía que poner 20 millones, hasta cuando yo me retiré ya había puesto, di tú, 7 u 8, dejé el saldo congelado en el Banco Central, para no dar cabida a que se dijera que no se terminaron los túneles porque no había dinero.

Bueno, se recuerdan otras obras…

Sí, pero se olvidan mucho del impacto de la vía a Daule, que es una vía de ingreso fundamental para la ciudad; se olvidan del impacto de la avenida Orellana, que ayudó, con los túneles, a desahogar el trafico; yo trafico por la Orellana permanentemente y el tráfico es enorme. La gran obra vial de penetración a las áreas antes marginadas.

¿Cree que la historia del Guayaquil moderno se dividirá en el antes de León y después de Leon?

El único que no puede hablar de eso soy yo, el único que no puede hablar de eso soy yo; lo que sé es que cumplí con mis responsabilidades. ¿Que me hubiera gustado hacer más? Por supuesto que sí. Pero, ¿y el dinero? Los ingresos que tiene el Municipio de Guayaquil, en el fondo, son muy limitados; una ciudad, yo diría de tres millones de habitantes, entre estables y ambulatorios, con el presupuesto que tiene Guayaquil es para reírse, y con un agravante, los barrios suburbanos que crecieron gigantescamente durante el último fenómeno de El Niño 1.998-1999.

Pero la modernidad de Guayaquil tiene esa connotación, el antes y el después de León…

Pero en esto hay bastante mala intención; por ejemplo, el otro día leía un periódico y decía: la regeneración de Guayaquil o el renacimiento de Guayaquil comenzó hace quince años, no es así, otros dicen que va menos de una década, y tampoco es así. Antes de mi primera administración, agosto de 1992, lo que había era depredación y caos. Si alguien cree que mis administraciones como Alcalde marcan ese límite entre el desorden y el progreso, y si algo he hecho por la ciudad donde nací, se lo agradezco. No espero nada, ni siquiera la gratitud, porque en eso consiste la vocación de servicio, hacer lo que es el deber de uno, sin esperar reconocimiento alguno. Más allá de que el pueblo en general y, para el caso que tratamos, el pueblo de Guayaquil, siempre me ha dispensado su afecto con creces.

¿Para León Febres-Cordero, la vida es valiosa?

He vivido con la convicción de que la vida es un hecho único e irrepetible, por ende, una oportunidad espléndida para hacer, para construir, para transformar. En suma, para servir. Así, detrás de todas mis actividades, mantengo esta filosofía de vida, que se convierte en la columna vertebral de mi conducta; sí, para mí la vida es valiosa, no es justo desperdiciarla y debemos aprovechar cada segundo de nuestra existencia para hacer algo positivo. Y, reitero, la vida es valiosa si la has empleado para servir, de lo contrario, no tiene justificación tu paso por el mundo y no justificas tu existencia.

Considerando que usted ha servido al país, a esta ciudad que se ha transformado, la vida sí es valiosa pare usted…

Yo he hecho del servicio el fin de mi existencia, definitivamente, y si alguien considera que he servido en cualquier ámbito de mi existencia, entonces, sí, mi vida ha sido valiosa.

Siempre ha mencionado frases como “si Dios quiere”, “gracias a Dios”, etc., ¿es un decir o usted es un creyente devoto?

Yo soy católico, apostólico y romano, y el hecho de que no vaya a misa todos los domingos no quiere decir que no crea en Dios; yo rezo todas las noches, y lo digo a mucha honra y con mucha convicción. Creo en Dios, creo en la Biblia, creo en los principios del Evangelio. Soy, en consecuencia, creyente en Dios y devoto de la Iglesia Católica.

¿Para León Febres-Cordero la vida tiene un sentido místico?

Místico y práctico.

¿En qué, sentidos?

Místico, porque es una mística aspirar a poder ayudar, es lo que hace trascender al ser humano; y práctico, porque para servir tienes que poner en práctica la praxis o mecánica del servicio. La vida, más allá de la actual, es un misterio…

¿Cree Leon en ella?

Bueno, yo creo que cuando te mueres rindes cuentas al Señor y Él sabrá dónde ubicarte, de acuerdo con los méritos o deméritos que hayas tenido en la vida.

La vida nos lleva a pensar en lo contrario, en la muerte, ¿es para usted la negación de la vida o es la vida eterna?

Es la terminación del ciclo natural del ser humano; que en el más allá no sé a dónde vaya…, nadie puede saberlo, solo Dios, que tiene sabiduría infinita.

¿No es la vida eterna?

No sé a dónde vaya, no sé si hay la vida eterna, la religión dice que sí; debo creer así, por mi convicción y mi religión cristiana.

El ciclo de vida físico o natural, como usted dice, culmina con la muerte, ¿no le atemoriza la muerte?

Es decir, todo el mundo quiere vivir y quiere vivir con capacidades, porque vivir ya la vejez sin capacidades debe ser terrible; pero la mente humana, en ese sentido, es maravillosa, te va adecuando a la idea de que te vas a ir, y lo tienes que aceptar como realidad. La vida en algún momento termina.

¿Cómo quisiera morir Leon?

Rápido y en paz.

Si a usted se le diera la posibilidad de repetir su vida, ¿qué haría?

Lo mismo que he hecho.

¿Exactamente lo mismo?

Trataría de corregir los excesos y errores que he tenido, como todo ser humano. Mi exceso de pasión, muchas veces, mi temperamento combativo, muchas veces; pero lamentable o felizmente los genes hacen al ser humano, y así como uno escoge los amigos y no los parientes, uno no escoge los genes, pues, a uno lo hacen.

¿Cometió muchos errores?

¿Que cuántos errores cometí? En una larga vida profesional, empresarial, gremial y política, sin lugar a dudas, muchos. Pero, al final de cuentas, lo importante en una gestión, o en la vida misma, es cuánto más uno acertó. Permanentemente se está acertando, errando y corrigiendo. Esa es la trayectoria del líder y del éxito. No es un viaje sin escalas.

¿Y excesos?

Mira, excesos he tenido cuando muchas veces me he expresado con algo de dureza, a ese tipo de excesos me refiero, pero he procurado nunca ser ofensivo en lo personal, sin embargo, la vehemencia y la pasión del quehacer político alguna vez pudo hacerme incurrir en esas reacciones algo duras.

¿De que se arrepiente?

Te diría que de mis excesos, que, como ya te dije, los he tenido, producto, pues, de la pasión que muchas veces a uno lo saca de proporción, pero lo importante es darse cuenta de que uno ha incurrido en un error y rectificar. Hay quienes piensan, porque se dejan llevar, a lo mejor, por las apariencias, que yo no soy capaz de admitir un error y de corregirlo.

Si no hubiera sido usted León Febres-Cordero… ¿cómo hubiera querido ser?

Como León Febres-Cordero, exactamente como soy, con mis cualidades y mis defectos.

¿No hubiera querido cambiar algo de su vida?

No, no. Quizá me hubiera gustado servir aún más a mi país y a mi ciudad.

¿Continúa usted, como me decía el año pasado en una de las primeras conversaciones, en posición de lucha por los intereses nacionales “hasta el último hálito de vida”?

¡Claro que sí! Definitivamente, yo creo que es mi deber y mi obligación. No me sentiría cómodo, por ejemplo, sin dar mi opinión frente a las barbaridades que se dan hay en el Ecuador, y lo único que no le pueden quitar a uno es el derecho a opinar libremente y eso lo voy a hacer hasta el final. Y mi posición será siempre de lucha por lo que considero justo, hasta mis últimos días.

Una pregunta tal vez un poco complicada… En una frase, ¿cuál es su filosofía de vida?

Te la digo en una palabra: servir.

¿Así no más?

Sí, así no más. El servicio a los demás, el servicio a los más pobres, y reitero lo que ya te he expresado, yo dejé una profesión y un liderazgo empresarial muy exitosos, para embarcarme en esta difícil tarea de la política, y dedicarme por cuarenta años a servir a mis conciudadanos.

En su trayectoria vital, profesional, empresarial, política y aun en sus aficiones, ¿qué huellas cree haber dejado?

Yo le incluiría mi vida profesional también, que fue una vida profesional exitosa. Honestidad, fundamentalmente, responsabilidad a cabalidad. No es que quiero decir que no he tenido errores; como todo ser humano, he tenido aciertos y desaciertos, pero he sido suficientemente responsable como para rectificar cuando me he equivocado. Te decía honestidad, responsabilidad, seriedad, lealtad con los principios, moralidad, ética, la esencia de mi vida ha girado alrededor de esos principios.

¿Siempre es sobre la base de todos estos valores? ¿No son independientes por cada actividad que ha desarrollado?

No, no, los seres humanos en su comportamiento no se desagregan, uno no es honesto en un aspecto y deshonesto en otro; los principios son eso, las normas básicas que regulan la vida y el comportamiento. El hombre es un conglomerado de normas y principios, y yo me auto impuse esos principios en todas las actividades de mi vida, hasta en las competencias de caballos o competencias de perros, en mis prácticas de competencia de tiro de combate, que son digamos actividades ya privadas y de esparcimiento, para uno disiparse y pasar en algo agradable el poco tiempo del que dispongo. Esos valores de honestidad, lealtad, seriedad, ética, te repito, han sido la norma de mi vida.

¿Piensa que usted ha dejado cosas de trascendencia bajo el principio de que los hombres debemos dejar un mundo mejor del que encontramos?

Al menos puedo decir, con la conciencia tranquila, que he luchado permanentemente por un mundo mejor.

En la escena nacional, la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico fueron dos de sus logros…

Si tú ves las encuestas de entonces o las encuestas actuales, cuando tratan sobre esos temas, la gente seria y responsable en este país, que es la mayoría, siempre me respaldó; creo que mi acción en esas esferas fue exitosa, mientras en Perú, con Sendero Luminoso, y en Colombia con los grupos guerrilleros y paramilitares no había paz y la sociedad se descomponía, aquí en esos aspectos tuvimos tranquilidad.

¿Una tranquilidad para poder gobernar y, además, tranquilidad para el país?

Garanticé una sociedad en paz, para dentro de ella, luchando y con esfuerzo, conseguir el desarrollo. Creo que gracias al apoyo de la gran mayoría de los ecuatorianos lo logré, a pesar del desastre del oleoducto y la caída del precio del petróleo.

¿Piensa que esos logros fueron realmente importantes?

Sí, guardando las debidas proporciones, ya te indiqué. Veamos lo que está pasando en Colombia con una guerra civil de más de cincuenta años, que por razones que son difíciles de explicar no se ha podido superar; más allá de que el pueblo colombiano, tenemos que aceptar, tiene un gran mérito: el de haber aprendido a vivir dentro de una guerra civil y desarrollarse. (…)

Luego del tema político, en el área empresarial, ¿con qué cree usted haber aportado a ese gremio y en general a la industria?

Bueno, yo tuve el privilegio de ser miembro de una cámara empresarial cuando las cámaras tenían un verdadero significado en este país; hagamos un poco de memoria, fueron las cámaras de la producción las que organizaron el paro que se inició en Guayaquil en 1966, que derroca a la dictadura. Y pusieron el ejemplo en muchos acontecimientos en defensa de los derechos del país, no solo defendiendo su gremio. Ya no vemos ese tipo de cámaras, ese tipo de cámaras desaparecieron. Ahora, en cuanto a mi aporte, luche por los principios de un sector privado moderno y luché con un grupo de empresarios que me acompañaron en las directivas. Presidí la Cámara de Industrias de Guayaquil por algunos años y la Federación de Cámaras de Industrias del Ecuador por algunos años, incluso la Asociación Latinoamericana de Industriales, y logramos incorporar en el Ecuador dentro de la Constitución Política, los principios de la economía social de mercado. Ya eso es un gran logro, porque hay el respeto a la propiedad, el respeto a la empresa privada, a la production, a las libertades ciudadanas, pero siempre manteniendo al Estado como ente regulador, que es lo que hay día se malentiende; el sistema de economía social de mercado no es el sistema de libre empresa, la empresa es libre mientras sea competitiva.

¿Qué otro aporte hice? Mantener un gremio organizado, pujante, en vías de modernización, y les tocará a ellos decir qué significó mi gestión gremial en esa época.

Ahora, en ese contexto del gremio donde estuvo inmerso y que impulsaron los principios de la economía social de mercado, ¿logró que se comprenda la responsabilidad social del capital entre los empresarios?

Yo sí lo creo, considero que el país ha dado avances en ese sentido, pero todavía no hemos llegado a donde debemos llegar: la conciencia social del capital, la responsabilidad social del capital.

¿Y en lo profesional, cuál cree usted que habría sido su aporte?

Bueno, yo soy uno de los primeros ingenieros mecánicos que trabajó en el Ecuador; antes que yo, hubo tres: el ingeniero Giovanni Malnatti, de origen italiano; y dos ecuatorianos, el ingeniero Aníbal Santos, que fue, pues, gerente de operaciones de la Empresa Eléctrica del Ecuador por muchísimos años; y el ingeniero Álvaro Tinajero, que también fue ingeniero de la Empresa Eléctrica del Ecuador. Cuando yo tuve que refrendar mi titulo, no había ingenieros mecánicos para que conformen el Colegio, frente al que tenía que refrendarlo, y lo presidía un ingeniero civil muy distinguido de la época, el ingeniero Pedro Carbo, lo acompañó el ingeniero Pedro Manrique, que coincidentemente era superintendente de construcciones de la Empresa Eléctrica del Ecuador; y el ingeniero Malnatti; no encontrabas ningún otro profesional en la rama de la Ingeniería Mecánica.

Si esa rama profesional no se había desarrollado en el país, ¿como así…?

Creo que te lo explique alguna vez, acompañando a mi padre, siempre recuerdo a mi padre en su trabajo como gerente general del Ingenio San Carlos, pegado a las máquinas. Allí desarrolle algún tipo de afinidad con ellas, y a más de que resulta no ser mi vocación, me dio una excelente preparación, porque mi padre me manda a un instituto que era muy difícil de ingresar y muy difícil de graduarse.

Y en Guayaquil, ¿que logros son dignos de destacarse durante sus administraciones, más allá de la obra material?

La reconstrucción de la organización municipal, que no existía, se cogió harapos y se deja una administración honesta, racional en cuanto a su número, tecnológicamente preparada, computarizada, ordenada, pero fundamentalmente honesta. Y creo que eso tiene un valor, desde el punto de vista de ciudad, tan importante como la obra, porque si no tienes un municipio bien organizado, honestamente administrado, tecnológicamente preparado, la ciudad no se desarrolla ni avanza.

Aparte de la eficiencia institucional, ¿en cuanto a lo intangible?

Sobre eso hablamos, cuando te decía que para mi el valor más importante del Malecon 2000 es que, sorpresivamente, revivió el sentimiento de autoestima del Guayaquileño y regresó de alguna forma u otra al ciudadano hacia su río, hacia el río Guayas, y hoy el Malecón 2000 es visitado por miles y miles de personas todos los días, tanto de Guayaquil como de todo el país y del exterior. Creo que se consiguió que la ciudad y sus habitantes recuperen el orgullo de la ciudadanía, y aún aquellos que se habían avecindado en nuestra urbe comenzaron a sentirse orgullosos de vivir en ella.

He leído un discurso suyo de la campaña cívica de “Ahora o nunca, Guayaquil vive por ti”, y algo de recuerdos tengo, de que comienza a generarse nuevamente ese sentido de Guayaquileñismo.

Sí, así fue, yo sinceramente creo que pusimos las bases para muchas cosas, no solamente desde el punto de vista de la práctica de la obra, sino del civismo.

Son valores no visibles, como las obras.

Y es difícil conseguirlo. Tengo que aceptar, porque yo no pretendo tapar el sol con un dedo, que nosotros tuvimos que subir impuestos, tasas y contribuciones, pero la gente las pagaba con gusto porque veía que ese dinero se revertía inmediatamente en servicios y obras; se fomentó una cultura de pago de contribuciones porque se forma la conciencia de que el dinero era celosamente invertido con transparencia y pulcritud en bienestar de la colectividad. Ahora, que no se hizo todo lo que se debería hacer, es posible: fueron ocho años, y no hay el dinero como para en ocho años reconstruir una ciudad en ruinas, pero la ciudad mejora considerablemente, y así lo expresan los Guayaquileños en sus respuestas cuando son encuestados.

En el tema de aficiones… en su principal afición que es la cría de caballos de paso, hay una vieja tradición en la cría de animales, que uno debe tratar de propender a mejorar la raza, ¿lo ha hecho usted?

Creo haberlo hecho así, mis aficiones han sido varias: los caballos de paso, que tú acabas de mencionar; la crianza de los perros; los bonsais; he buscado siempre actividades que no solamente me mantengan activo el cerebro, sino que me permitan ejercitarme, actuar con mis manos y hacer alga positivo. Sobre los caballos, como te contaba, he tratado de fomentar la crianza de estos hermosos animales y me he preocupado por perfeccionarla, con animales destacados aquí y hasta en Perú mismo.

Entrando a un tema más profundo, ¿como ser humano, sus principios, sus creencias, cree que dejaran recuerdos de su vida?

Bueno, en algo debo haber influido en la vida ecuatoriana, porque el pueblo me honra con su respaldo y he sido todo; he sido diputado, senador, representante nacional, presidente, alcalde, alguna huella debo haber dejado.

¿Nunca se ha preocupado de difundir sus principios?

No, los principios se practican, se siguen, tú das hasta la vida por los principios, no creo en la difusión de los principios ni hablando ni escribiendo sobre ellos, el ejemplo es la única manera de difundirlos. (…)

En un recorrido por su vida, como político y como persona, ¿cuáles recuerda, como momentos fascinantes, aquellos que quisiera volver a vivir?

¡Uf! (sonríe), las campañas electorales son cansadas, conflictivas, controversiales, pero son emocionantes: el contacto directo con el pueblo es una maravilla, y aunque te parezca mentira, a través del discurso político y de la reacción de la gente convives con ellos las realidades del país. Esas experiencias, desde el punto de vista político, constituyen momentos inolvidables de una etapa hermosa de mi vida: el sinnúmero de campañas que he hecho.

Momentos gratos también han sido el haber ganado las representaciones a las cuales aspiré con el apoyo popular, el haber terminado mi periodo presidencial sano y salvo, con mi conciencia tranquila, el haber podido servir a Guayaquil. En lo personal, haber podido formar una familia seria que cumple con sus responsabilidades; esto para mí es muy hermoso y grato.

Con toda una vida a cuestas cumpliendo con el deber de servir, como usted dice, habiendo sacrificado hasta la salud y empeñado la vida, ¿qué le debe el Ecuador a Febres-Cordero?

¡Nada!

¿Nada?

Sí, nada me debe mi país.

¿No está siendo muy modesto?

En lo absoluto, solo cumplí con mi país y seguiré cumpliendo con él, porque es cumplir con mi deber.

¿Y Guayaquil?

Igualmente, nada. Yo le debo a Guayaquil haber nacido aquí, donde he formado mi hogar. Cumplir con la ciudad que te acoge es a lo que debemos aspirar y hacer todos los Guayaquileños, desde cualquier posición, por humilde que sea, cumplir con nuestra responsabilidad de Guayaquileño y de ecuatoriano, porque Guayaquil es parte de la patria ecuatoriana. Cada ciudadano debe cumplir con su ciudad, como debe cumplir con su país.

Después de este recorrido sinóptico de su vida, ¿usted cree en el cielo y en el infierno?

Creo en Dios, soy católico, apostólico y romano. Y con lo que ha hecho toda su vida, ¿a dónde cree que Dios lo conducirá? Comienzo por reconocer que no he sido un ser humano perfecto, pero he tratado de cumplir los propósitos de todo hombre bueno, que lo que busca no es solamente mejorar las condiciones propias, sino ayudar a mejorar las condiciones de los demás. En ese sentido, cuando tenga que irme, lo haré con la conciencia absolutamente tranquila. En cuanto a que ¿a dónde Dios me conducirá? iAh!, eso solo le toca al Señor decidir, yo no puedo juzgarme. Un juez supremo me va a juzgar, que es Él.