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Jaime Nebot

Adiós al amigo 

Un hombre solo muere cuando es olvidado. ¡León Febres-Cordero jamás será olvidado y por eso jamás morirá! 

Al explicar por qué, precisamente por respeto a él ya la historia, debo saber que soy alcalde, sin dejar de ser amigo, y lograr que ni el dolor ni el impulso del afecto, me impidan ser objetivo y veraz. 

Errores tuvo, como todo aquel que se atreve a decidir y construir, pero en el balance de su vida, sin duda, los aciertos fueron infinitamente superiores. Así lo reconocen sus adversarios, cuando son caballerosos. 

Su pasión en todo y por todo, pudo ser su gran defecto, o quizás su mayor virtud, porque sin duda fue la fuente de su integridad y de su entereza que le permitió hacer, no decir, el gran bien que hizo a sus conciudadanos a los ecuatorianos y especialmente a los guayaquileños. Sí, «Rompedlo en mil pedazos como si fuera un espejo y en cada uno de ellos vais a encontrar reflejada su entereza y su integridad». Se dijo ayer de un gran ciudadano latinoamericano y debe decirse hoy, de León Febres-Cordero. 

Su fructífera y exitosa vida empresarial y gremial puede resumirse en una frase que repetía constantemente y que hizo realidad en lo individual y en lo colectivo, en lo público y lo privado: «En la vida uno debe producir más que lo que consume». 

Su larga y exitosa vida pública lo llevó a ejercitar cargos solo de mandato popular. En una América Latina estatista y populista logró que el pueblo del Ecuador, democráticamente, se pronunciara por la economía social de mercado que él propuso, y ya como Presidente, evitó que el país cayera en las garras del terrorismo. Se evidenció como un hacedor formidable de servicios. de obras públicas a lo largo y ancho de todo el Ecuador, fortaleció nuestra economía creando confianza e inversión, generando por lo tanto bienestar y empleo para todos sus conciudadanos, esto pese a que un terremoto destruyó el oleoducto y la estrepitosa caída de los precios del petróleo que llegaron a menos de siete dólares por barril, supo gobernar cuatro años con el presupuesto de tres, entregar el poder democráticamente y dejar un Ecuador, entonces sí, en marcha.

Así entró, con sobrados méritos en la historia. Pero, seguramente su gran espacio en ella estará por siempre ligado a su formidable desempeño como alcalde de Guayaquil. Con gran sacrificio, desprendimiento y amor por esta ciudad donde nació y vivió, ni siquiera midió o analizó el riesgo del desafío y pronto fue al rescate cívico, moral y administrativo de Guayaquil, liberándola de los depredadores y pusilánimes y devolviéndonos el progreso y, sobre todo, la perdida autoestima. Hoy quiero repetir lo que expresé el día 10 de agosto del año 2000, cuando me posesioné por primera vez como alcalde de Guayaquil: “Gracias a León Febres-Cordero, un Guayaquil destruido fue otra vez construido y fue, por fin, otra vez Guayaquil”. 

Se dice que hay dos momentos en que todos los hombres somos enteramente iguales: al nacer y al morir; al nacer, porque no traemos nada, y al morir, porque no nos llevamos nada. Yo no estoy de acuerdo. No todos los hombres al morir somos iguales. Es cierto que al morir no nos llevamos nada porque lo dejamos todo, pero todos no dejamos lo mismo: el destructor, el egoísta, el cobarde y el inútil, no dejan. No pueden dejar lo mismo que el constructor, el solidario, el valiente y el exitoso. Todo esto último fue León Febres-Cordero. Por eso es distinto, no igual, por eso jamás será olvidado y por eso nunca morirá. 

Por eso estamos aquí, como amigos, para con el silenció elocuente del corazón y de los hechos, testimoniar esa amistad, más allá de las palabras, que quizás puedan quedar para repetir: «Cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo». Por eso estamos aquí, como ciudadanos, para aseguramos que quien ya entró en la historia permanezca en la historia, y para honrar y agradecer a ese gran patriota que con mano firme en la más obscura de las noches y en la más severa de las tormentas guió nuestro barco hacia un puerto de luz. 

Hoy nos inclinamos ante él. Hagamos una pausa… respetando su encuentro con Dios, pero mañana muy temprano, como siempre y como él, sigamos siendo guerreros de la paz y del progreso. 

Señoras y señores

Jaime Nebot, exalcalde de Guayaquil, 2008