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Las fiestas de fundación

Itzi De la Rosa
19 agosto 2021

Asimismo, conmemorar cada aniversario de fundación alcanzó la notoriedad que la fecha, 25 de Julio, demandaba. Pues, si bien el hecho marca la recordación de la fundación española, resaltar la tarea de los Huancavilcas, celosos defensores de sus indiscutibles derechos y de sus ancestrales propiedades, fue para Febres Cordero momento oportuno para hacerlo. “La irreductible tribu de los Huancavilcas poseía, con ánimo de señor y dueño, una vasta extensión costanera en lo que hoy es la república del Ecuador; y, su dominio era compartido con Daulis y Chonanas, Babas y Chongones, Balaos y Machalas, Punás, Chanduyes y Colonches, todas ellas agrupaciones famosas por su valor y su carácter indómito. Las tribus, entre si, eran aliadas, aunque independientes unas de otras; y lo fueron más en la defensa de sus territorios invadidos por los hombres que protagonizaban la conquista”.

Aun cuando difícil ha sido coincidir con los investigadores respecto de la fecha exacta de fundación de esta ciudad, no se puede dejar de mencionar los diferentes intentos realizados por los españoles en su afán de establecer a Santiago de Guayaquil al margen mismo de su majestuoso río. Por eso es menester recordar, en su orden, los nombres de Benalcázar, Zaera y Orellana, cuyos esfuerzos por hacerse de Guayaquil fueron múltiples, principalmente -como ya se dijo- por la terrible resistencia que debieron soportar por parte de los Huancavilcas. “Fue Francisco de Orellana, pariente, amigo y paisano de Pizarro, quien, por encargo de éste, viniera a reducir nuevamente a los Huancavilcas y levantar la ciudad destruida. Para ello, tuvo luego que usar medios pacíficos, parlamentar con los nativos, ganarse su voluntad y, con mañas y habilidades, reducirlos a la obediencia. La fundación de Orellana fue realizada en la falda sur de la Colina Santa Ana o Cerro de la Culata”.

Pregón Cívivo. Octubre 1993 Estadio Modelo de Guayaquil

En una ciudad cuyos hijos y habitantes en general ya habían olvidado o empezaban a olvidar hechos de trascendental importancia para la historia de Guayaquil, se volvía un imperativo refrescar la memoria. Los pueblos que caminan firmes por el sendero del progreso conocen sus raíces, su historia; tienen identidad. Esas características se estaban perdiendo, más un visionario, genuino ecuatoriano y guayaquileño por todos los costados, se impuso como tarea recuperar -y lo consiguió, por cierto- el valor y la estirpe de la gente nacida y que mora en Santiago de la Culata o en la Ciudad de Santiago de Guayaquil. De esa gente que venció las vicisitudes, se forjó en la lucha y superó la adversidad, que ha sabido sobreponerse a los avatares y ha conquistado un alto sitial para honra y gloria de la patria toda.

“Esos son los hombres y mujeres de Guayaquil: aquellos que habitan esta ínclita ciudad; aquellos que luchan por alcanzar su progreso; aquellos que no trepidan en defender sus derechos; aquellos que no escatiman su ayuda en pro de los demás; aquellos que se sienten orgullosos de sus ancestros; aquellos que sueñan con alcanzar sus aspiraciones de grandeza”. Sin duda que “el vigor de los Huancavilcas personificados en el Regulo Guayas, su último Cacique, se aunó al aventurado temperamento español y de ahí surgió la amalgama que explica las notables virtualidades del alma guayaquileña”.

La ciudad a lo largo del tiempo, desde que naciera, ha debido gestar su desarrollo entre el fuego y el fango, “singular  paradoja que encumbra e inmortaliza el alma guayaquileña; fuego y fango, aparente antítesis de una acción heroica, convertida en peculiar simbiosis de la cual surge y se levanta por sobre los horizontes de la patria una actitud, una resolución, un afán de vencer, que nacidos en las faldas de aquel Cerrito Verde, en 1535, se proyecta perdurable hacia los confines de la posteridad, como símbolo de una prosapia que ha nacido para vencer. Fango y fuego, fuego y fango, que como dos polos circundantes, abarcan la acción de hombres cuyas peculiaridades se mantienen inextinguibles a través de siglos de existencia. En fin, fuego y fango, en polarizada acción, que han templado el alma de los guayaquileños, y que se subsumen en la acción de vencer guiados por la fulgurante decisión de un espíritu indomable”.