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Obras, parques y catastro

Itzi De la Rosa
19 agosto 2021

En cada uno de los temas a los que se pasaba revista, lo que se iba encontrando era un desastre. La obra pública municipal para el año 92 tenía un presupuesto de 17.000 millones de sucres. El Departamento respectivo contaba con 1.000 trabajadores y prácticamente sin un solo equipo funcionando; lo que se hacía en los últimos días de gestión (antes de agosto) era muy poco, unos escasos metros de asfaltado mal hecho y contratados impropiamente. Sin embargo, el dinero asignado para ese propósito a esa fecha tampoco existía, salvo que los trabajadores sí habían cobrado sus emolumentos.

“No hablemos del Departamento de Medio Ambiente y Parques, porque después de que yo como Presidente de la República, a través de la Gobernación del Guayas, me preocupé por remodelar cada uno de los parques de Guayaquil, nada, absolutamente nada se ha hecho en ellos. Los pocos parques que se mantienen en una relativa buena situación, se deben a la generosidad de determinadas empresas privadas que, sin autorización municipal, se han dedicado a cuidar y adecentar ciertos parques. No obstante, el Departamento de Parques tiene un presupuesto de casi 3.000 millones de sucres. Tiene un rol de 400 trabajadores, todos cobran semanalmente y nadie recoge ni una sola hoja en ningún parque”.

La Jefatura de Catastro, perteneciente al Departamento de Planeamiento y Urbanismo, con un presupuesto de 400 millones de sucres, es un ente que no sirve para nada. De acuerdo a una información proporcionada pocos años antes, la ciudad contaba con alrededor de 240.000 inmuebles, no obstante, a julio del 92 lo que dicha Jefatura registraba eran aproximadamente 60.000, las 180.000 restantes -por arte de “magia”-habían desaparecido.

Mientras en Quito en 1990 la recaudación por catastro fue en el orden de los 10.000 millones de sucres, en Guayaquil fue apenas de 5.000 millones; en el 91, Quito logró una recaudación de 20.0000 millones, Guayaquil alcanzó los 2.800 millones (¡espeluznante!, pero cierto). Para el 92, Quito proyectaba 30.000 millones (al 30 de junio ya tenía 17.000), Guayaquil esperaba sumar 5.000 millones de sucres. Era evidente que el “manejo” municipal había, literalmente, pulverizado el catastro.