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Último discurso de León como Alcalde de Guayaquil

Cuando en lo alto de nuestro cerro -donde se inició la leyenda de esta Guayaquil del río y del estero- se oye tronar el canon rindiendo honores a su fundación, renace en nosotros ese espíritu pujante, que nos ha caracterizado a través de la historia, empinándonos sobre las grandes pruebas, a las que nos sometieron el fuego, los piratas, las pestes y la envidia, con la que más de un infeliz trata de poner trabas a nuestro gran destino.

Atrás han quedado, ojalá para siempre, las tristes horas; nos costa trabajo, nos costa sudores, pero pudimos. Una vez más, hemos sido capaces de levantarnos de las cenizas y el lodo, para hacer brillar con más luz la estrella de nuestro emblema, el celeste y blanco de nuestro pabellón; y pronunciar con voz sonora nuestro lema, generoso, de «Guayaquil por la patria».

No puedo ocultar mi satisfacción al ver al noble pueblo de mi ciudad recuperado en su ánimo, volcado en sus calles, luchando con renovados brios y honrada actitud, para contrarrestar la crisis en que la han sumido incapaces y equivocadas decisiones de improvisados y teóricos a quienes, como les consta a ustedes, advertimos a tiempo de sus errores, fundamentalmente a aquellos que no supieron air el retumbar de la marcha de un pueblo, sobre el asfalto de las calles de Guayaquil, exigiendo rectificaciones. Pero prefirieron hundir al país, rodeados de adulos e intereses inconfesables, en demostración de envanecimiento y soberbia, digno de narcisos y cuenteros y no de verdaderos estadistas.

Hace algunos meses anuncie que este seria mi último mandato, como Alcalde de la libérrima Guayaquil, de esta ciudad y de este cantón, que me ha prodigado, no solo el respaldo de sus votos, sino el aliento, con el que hemos logrado superar adversidades, encontrar fuerzas para cumplir con el deber, en la forma en que acostumbra.

Tengo fe en el destino de la ciudad y del cantón, en su vocación libertaria, en su sentir democrático, en su pujanza y en sus virtudes, en su gente cálida y entusiasta, en su esperanzado verdor, en su principal río que corre querendón, inspirando sueños; en su mar, que en esteros que a la ciudad se les adentra y la mantiene abrazada, en el celeste de su cielo, en su valor y en su audacia.

Aquí queda una ciudad distinta a la que me entregaron; el abandono y la vergüenza se han transformado en acción diligente y en pletórico orgullo y optimismo. La obra realizada y los servicios implementados, pese que aun queda mucho por hacer, supera mis mejores expectativas.

No quiero cansarlos, recorriendo una vez más centenares de kilómetros de nuevas calles, reconformadas, reconstruidas y construidas; enumerando y detallando más ordenadores de tráficos y pasos a desnivel; hablando de la labor social que ha continuado, de la entrega de títulos en las zonas marginales, de la acción de las brigadas médicas, de la asistencia a las parroquias rurales; de los esfuerzos para embellecer el Museo y la Biblioteca, promoviendo la educación y la cultura de los parques que se multiplican; de labor comunitaria; del reordenamiento de los comerciantes informales; del cuidado del medía ambiente y del afán de prodigarnos para resolver problemas, cada vez mayores y complejos.

Empiezan a ser realidad las grandes avenidas, habiendo podido ya inaugurar la ampliación de la avenida Agustín Freire y el viaducto que une la avenida Juan Tanca Marengo con la vía Perimetral, mientras avanzan las obras correspondientes a la avenida Francisco de Orellana hasta la Perimetral y la reconstrucción y ampliación de la vía a Daule desde el kilOmetro 4,5 hasta el 17.

Hemos licitado y adjudicado a través de un proceso licitatorio internacional, celosamente cumplido, la obra de los túneles que se financia, con el préstamo de la CAF, el aporte municipal y la contribución y garantía que concedió el Gobierno Nacional, y que beneficiará a la ciudad, permitiendo la unión del centro y sur de la misma, con el norte de la urbe y con el puente que conduce a la Puntilla, uno de los sitios de estratégico crecimiento del gran Guayaquil. La construcción de la obra se la ha iniciado ya, y deberá estar terminada para el año 2002.

La gigantesca obra de mercados avanza; se reemplazan los viejos y estrechos con nuevos y modernos establecimientos, que lucen hoy limpios y funcionales, dándole a la ciudad una nueva forma de vivir, en la que la presencia del terminal de transferencia de víveres, construido con las mejores técnicas, ya en funcionamiento, permite el descongestionamiento de la ciudad y un mercadeo de alimentos, acorde con las necesidades y la realidad de Guayaquil.

Pese a la gravísima crisis y a las restricciones económicas, no nos hemos detenido; y, si bien debo decirlo con dolor, en nuestra ciudad, los gobiernos centrales no han realizado una sola obra desde hace muchos años, la gigantesca acción municipal ha cubierto, hasta donde ha sido posible, las necesidades de la ciudad que más aporta y contribuye al erario nacional.

Hemos podido revisar toda la legislación municipal, y el Concejo Cantonal, debidamente asistido, ha cumplido su labor legislativa, sin precedentes, dictando nuevas ordenanzas, que reemplazan a aquellas que estaban obsoletas, o que no cumplían los requerimientos de una ciudad que crece con pujanza, y a la que estamos dotando de un plan regulador de desarrollo urbano, que le permitirá un desarrollo planificado. Se trata de un instrumento, a través del cual se lograra el reordenamiento físico y espacial de la urbe, y del que saldrán las normas de control, con una visión de alcance, de por lo menos veinte años, para una metrópoli, que hoy tiene una población fija de más de dos millones doscientos mil habitantes y una población flotante de trescientas mil personas.

No hemos descuidado, ni un solo instante, pese a las dificultades graves, de índole económico y estabilidad política, que ha soportado el Ecuador, de insistir y vigilar el proceso que culminara con la licitación y concesión del sistema de agua potable y alcantarillado de Guayaquil, obra que no puede postergarse más y que debe ser prioridad fundamental, no solo de la ECAPAG, sino de todos los involucrados.

Esta ha sido una labor que solo podía ser realizada a base de mística, disciplina, orden y firmeza, a la que nos entregamos, sin retroceder, a sabiendas de que en la aplicación de la ley hay que ser inflexible y que el precedente, afirmado en su cumplimiento, es la única fórmula de poner ejemplo y preservar el mañana.

Bien saben mis conciudadanos que en ese espíritu y bajo esas premisas, de patria y de futuro, que requiere de una democracia, que se haga respetar, dame porque los poderes públicos no cedan ante presiones, cuando se dejaba sin sancionar a quienes atentaron contra su estabilidad, violando aun la Carta Constitucional del Estado.

Debemos continuar superando obstáculos; les toca a ustedes mantenerse en la línea de los logros conquistados; unirse a la nueva administración municipal, para que Guayaquil avance hacia el mañana que soñamos, exigiendo contribuciones justas por parte del Estado y manteniéndonos en permanente batalla, hasta conseguir que, a través de una descentralización profunda, se haga realidad la autonomía, por la que se ha pronunciado ya nuestro pueblo, y que debe ser materia de atención urgente, y no de olvido, de parte de la legislatura y del poder central.

Bajo ningún concepto se debe soslayar la responsabilidad del Gobierno Nacional, de dar seguridad a la vida y a los bienes de los guayaquileños. Toda acción que tienda a luchar contra la delincuencia, a través de los órganos y medios, que para ello el Estado debe disponer, merece el mayor de los apoyos y la más abierta cooperación, de todas las instituciones.

Tenemos que seguir asumiendo el gran dolor de nuestra población marginal, buscando socorrer a los que más sufren, asistiendo allí donde el dolor y hasta la muerte acechan permanentemente, dando lo mejor de nosotros, en la búsqueda de soluciones, por las que tanto claman nuestras gentes.

Se acerca la hora, guayaquileños, en que, luego de cumplir con vuestro mandato, volveré a mi vida privada, sin que eso signifique que me alejo de ustedes, en cuanto a mis deberes como ciudadano y a mi preocupación permanente por la suerte de mi ciudad y de mi país.

Hasta el 9 de agosto seguiré recorriendo todos los puntos de la ciudad, inaugurando obras que se concluyen, reafirmando mi fe en las potencialidades de la ciudad, agrazándome con un pueblo que, generoso y cálido, ha sabido recibir mi corazón.

Esta misma tarde, pese a todos los avatares, inauguraremos la segunda etapa del Malecón 2000; una obra realmente encomiable y que constituye verdadero orgullo, para quienes la hemos liderado y en ella hemos participado, con la ilusión de ver transformada la parte más hermosa de nuestra leyenda de ciudad, que nació junto al río y al que tiene derecho a mirar vestida, con este encaje de obras, que irán culminando, a medida que continúe el aporte generoso de nuestros conciudadanos, de cuya entrega, pronta y completa, debemos y vamos a preocuparnos -hoy que todavía estamos al frente del Municipio de Guayaquil, y mañana, cuando engrosemos las filas de los cientos de miles de guayaquileños- que defiendan y luchen por lo que, por derecho, es ya patrimonio nuestro, de nuestros hijos y de las generaciones venideras.

Quiero pedirles ahora unirse a mi, en la demostración más elocuente de gratitud, al señor Vicepresidente del Concejo, a todos los señores concejales que durante estos años me han acompañado en la hermosa tarea de transformar a Guayaquil; ellos han actuado con sincera, honesta, valiente, desinteresada y leal demostración de guayaquileñidad.

Al señor Procurador Síndico Municipal, al señor Secretario del Municipio, a los jefes departamentales, a mis asistentes, a quienes nos acompañaron antes y no están hoy, mis rendidas gracias por una colaboración que la estimo invalorable, y como no hacerlo también con los funcionarios, empleados y trabajadores que forman parte de esta institución y sin cuyo concurso, capacidad y entrega, no hubiéramos podido cumplir con el mandato de nuestro pueblo.

Mi mayor gratitud a todos los habitantes del cantón, que me han respaldado y hasta comprendido, por supuestas y posibles equivocaciones.

Guayaquileños, el camino este trazado y construido su primer tramo; no hemos hecho otra cosa que poner las primeras huellas en un avanzar que tiene que ser cada día más luminoso. El informe, que por mandato de la ley y por escrito entregaré al terminar el último período para el que fui elegido, recogerá en detalle la lista de obras realizadas, la legislación que ha quedado aprobada y el manejo impecable, tened la seguridad, impecable, de los fondos municipales.

Me llevo, conciudadanos, amigos, la Intima convicción de haber sido parte del rescate de la autoestima de los guayaquileños, que hay luce, como en el ayer distante, cuando en epopeya, que es leyenda, fundaron a la noble e hidalga Santiago de Guayaquil; cuando lucharon contra Ia adversidad, con el mismo temple y valor con que se dieron libertad, con el coraje de sus hombres, con la fortaleza interior y el gran amor de sus mujeres y madres.

Les digo a todos gracias, y lo seguiré diciendo, mientras viva y pueda tener el privilegio de poder seguir mirando el ir y venir del río Guayas, gran señor de nuestra historia, y escuchando el murmullo de las risas y las voces de este pueblo enamorado del sol y de la libertad.

Muchas gracias.