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Velasco Ibarra

Buenos Aires, 5 de abril de 1978
Señor Don
León Febres-Cordero R
Guayaquil

Señor de mis consideraciones:

Este momento recibo de manos del señor Don Heber Caballero la Exposición que ha tenido usted a bien dirigir a la Junta Cívica Nacional. En dicha exposición declina usted la candidatura a la Presidencia de la República, ofrecida a usted por los caballeros integrantes de la Junta Cívica Nacional.

Conocedor yo de sus capacidades de acción y patriotismo, me complace que en este momento no sea usted candidato a la Presidencia de la República. Es un momento, el actual, de infamia jurídica en el país, de ultraje y burla a la soberanía del pueblo ecuatoriano y estoy seguro que el gobierno futuro no tendrá la fuerza moral ni las bases sicológicas populares para con fuerza exigir responsabilidades, poner en el país orden, y cumplir el complicado y necesario programa que usted esboza.

En el país no existe hoy una Constitución Nacional. Muchas dictaduras ha habido en el Ecuador, y todas, todas ellas han terminado reconociendo que el pueblo soberano, el que sostiene a ricos y pobres, el que mantiene a soldados y civiles, tiene derecho a una Constitución Política, documento complicado, expresión de la voluntad soberana de la nación.

No es que hoy hay una Constitución de corte marxista. Simplemente no hay Constitución. Por primera vez en Sudamérica se le ocurrió a la Dictadura Militar, abrumada por responsabilidades económicas, inventar un referéndum para aprobar una Constitución hecha por unos pocos intelectualoides pagados por la Dictadura y protegidos por el señor Galo Plaza. Esto era burlarse del país. Un Documento Constitucional tiene que ser estudiado por un Congreso en que gente capacitada en distintos aspectos de la vida nacional, representen la soberanía del pueblo. Esto ha pasado siempre en el país. Esto se ha hecho siempre, con fallas o sin ellas, en todas las repúblicas sudamericanas.

Hoy en el Ecuador no hay Constitución ni marxista ni liberal, ni socialista ni nada. Un referéndum, absurdo en sí mismo, e impuesto con trampas y amenazas es lo que existe en el Ecuador.

La persona que levante la bandera contra la farsa actual nacional, estoy seguro que condensará emociones sicológicas interna del pueblo ecuatoriano, intuiciones populares inexorables siempre en los pueblos, sobre todo en este tiempo; y estoy seguro que esa bandera dentro de poco tiempo: unos meses, un año, se impondrá como se impuso el 28 de mayo de 1944.

Hace tres años más o menos, alguien me habló aquí en Buenos Aires de la posible candidatura de usted para la Presidencia de la República. Yo apoyé absolutamente. Creí que un movimiento popular bien manejado y con cierto fondos económicos, triunfaría inevitablemente, aunque con algún trabajo, con dificultades. Cuando se sabe organizar bien a un pueblo y adoctrinarlo adecuada y prudentemente, se triunfa siempre. Por desgracia, todo quedó en silencio más tarde. Nadie volvió a hablar positivamente de algo positivo. Cayó el primer Dictador. Con procedimientos ridículos subieron los actuales, y hoy estamos en la total indefinición, mientras el mundo se yergue amenazante.

Ojalá le toque a usted, señor Febres-Cordero, luchar heroicamente, y salvar la dignidad de la Patria.

Muy atento y seguro servidor,
J.M. Velasco Ibarra